La vida de Marcelino II

Marcelino es Consagrado sacerdote…. (Extraído de www.champagnat.org)

Un sacerdote acude a su casa por si alguno de los chicos de la familia quiere ir al seminario. El hijo mayor dice que no. Después habla con Marcelino, que acaba de regresar del trabajo.

«Tienes que estudiar para ser sacerdote, Dios lo quiere», le dice después de ver que Marcelino es abierto y sencillo. Marcelino le responde : «Quiero ir al seminario. Acertaré, puesto que Dios lo quiere».

 

Poco antes de marchar al seminario, muere su padre. Marcelino tiene quince años. Es un golpe muy duro porque le quería profundamente.

 

A los 16 años entra en el seminario de Verrières. Es fácil distinguirle por su gran estatura. Algunos se ríen de él. Pero, poco a poco, consigue el respeto y la amistad de sus compañeros.

 

Mientras, Napoleón, que gobierna Francia, busca la gloria a través de las guerras, Marcelino se esfuerza por conquistar la ciencia y la piedad.

 

No todo le sale bien al principio. Parte de una preparación escolar muy deficiente, que le exige muchas horas de estudio para ponerse al nivel de la clase.

 

Mejora su conducta y su rendimiento. Le nombran encargado de dormitorio, lo que le permite dedicar más tiempo a los libros. Quiere ser merecedor de la confianza que le han otorgado.

 

Su madre, que lo ha apoyado en los momentos de mayor dificultad, muere cuando Marcelino tiene veinte años. Siempre querrá ser digno de ella.

 

Pasa al seminario mayor de Lyon para estudiar teología. Ya no es un muchacho. Tiene veinticuatro años. Cada vez está más cerca de su ansiada ordenación sacerdotal.

 

Aprovecha las vacaciones para formar grupos de esparcimiento con los niños y las niñas de su pueblo. Les organiza juegos y les enseña a amar a Dios. Cada año esperan el verano para estar con él.

 

A menudo se reúne con un grupo de amigos del seminario. Quieren fundar una Sociedad que lleve el nombre de María para el apostolado y las misiones. Están muy entusiasmados.

 

Además, él tiene otro proyecto. Cree que se necesitan maestros y educadores que se dediquen sobre todo a los niños y a los jóvenes. Por eso les repite : «Necesitamos hermanos». Le encargan de su fundación.

 

Una enfermedad interrumpe sus estudios. Los aires del pueblo y el trabajo del campo le ayudan a recuperarse. Nada le apartará de su vocación.

 

Llega el gran día en que va a ser ordenado sacerdote con otros cincuenta y dos compañeros. La catedral de Lyon está totalmente abarrotada. El calendario marca el 22 de julio de 1816.

 

Al día siguiente sube al Santuario de Fourvière con un grupo de amigos para consagrarse a la Virgen. Así comienza el proyecto de fundación de la Sociedad de María.

 

Recibe su primer destino: vicario de La Valla, un pueblo entre montañas. Llega allí a pie. Al ver las casas, se arrodilla y reza a Dios y a su Buena Madre con ilusión y confianza.

 

Esta historia continuará….

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